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Permito que mis hijos jueguen videojuegos: ¿sí o no?

Permito que mis hijos jueguen videojuegos: ¿sí o no?

¿En verdad los videojuegos son tan perjudiciales como dicen? ¿Qué pasa cuando los padres optan por ignorar la clasificación designada al juego en cuestión?

Así como cualquier medio de entretenimiento moderno, los videojuegos han evolucionado mucho desde su primera aparición en la década de los setenta. Hoy cubren tantos temas y estilos que es difícil saber cuáles son apropiados para nuestros hijos.

La eterna controversia: violencia y entretenimiento

Mucho de lo que consumimos en los medios contiene algún grado de violencia: películas, programas de televisión, libros, etcétera, y pareciera que este tipo de contenido es más aceptado en unos formatos que en otros.

Ese otro formato al que nos referimos específicamente es el de los videojuegos, un medio de entretenimiento relativamente joven y constantemente sujeto a acusaciones por parte de los padres de familia gracias a que presenta riesgos a los cuales nunca antes se habían enfrentado los niños y adolescentes.

La posibilidad de cometer actos tales como robar autos, disparar armas o matar a alguien desde la comodidad del sillón de la sala son cosas a las que un niño no debería tener acceso a temprana edad; debido a esto, en todas las cajas de los videojuegos hay una clasificación de su contenido, así como la edad apropiada para jugarlos.

Pero, a pesar de esta guía, muchos padres optan por ignorar la clasificación y complacer a sus hijos comprándoles el juego de moda “porque todos lo están jugando”. Esto conduce, en muchos casos, a la pérdida de la sensibilidad y de la conciencia ética y moral de los jóvenes, y les propicia una enajenación muy parecida a la adicción.

Si bien es cierto que muchos de los juegos más vendidos involucran armas de fuego, drogas y sexo explícito, también es verdad que existen videojuegos apropiados para todos, mismos que pasan inadvertidos a la hora de señalar a la industria del videojuego como la única culpable de la violencia.

La violencia no es un tema nuevo

Antes de la aparición de los videojuegos se culpaba al cine, a la televisión, e incluso a los libros, de generar violencia y dañar mentalmente a los más jóvenes. Siempre ha sido así. Cada vez que un nuevo medio aparece, la gente tiende a ponerse a la defensiva para tratar de proteger a sus hijos de lo que creen que pudiera ser malo.

Los videojuegos por sí solos no son suficientes para cambiar radicalmente la conducta de los niños; ésta depende de muchos otros factores tales como el entorno familiar, la situación en la escuela y la zona donde vivimos.

Los temas controversiales como la violencia no se limitan a los mundos virtuales: se ven a diario en cualquier medio de comunicación. No debemos alarmarnos por un juego si en la televisión nuestros hijos ven lo mismo o cosas peores.

Lo mejor que podemos hacer como padres es no prohibir sino educar en la libertad. Acompañar a nuestros hijos en lo que les gusta es nuestra mejor opción; estar al pendiente de lo que juegan (y ya entrados en esto, también de lo que miran en televisión, de lo que leen y escuchan), y enseñarles a diferenciar entre la ficción y la realidad, para lo cual hay que limitar seriamente el tiempo frente a la pantalla.

 

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